viernes, 14 de agosto de 2009

La terrible flor

Cuenta una leyenda que en lejanas tierras habitaba un terrible monstruo de aspecto especialmente aterrador, cuyas terroríficas historias fueron dispersas por todo el mundo.

Se contaba que poseía ojos color carmesí, y que con solo mirar una vez a los ojos de su victima era capaz de petrificar su alma y cuerpo con un profundo y devastador trago de horror. También se contaba como con su abrumador poder físico derroto a grandes ejércitos uno a uno utilizando tan sólo sus manos desnudas. Destruyo reinos y ciudades a su paso, y que solo los dioses fueron capaces de detenerla, en aquel instante, condenándola a vivir prisionera por la eternidad en un bosque en las profundidades de los altos llanos más allá de las nevadas montañas de Endorph.

Un día un joven viajero intrigado por las historias decidió aventurarse a aquellas tierras lejanas, que se pierden más allá del horizonte. A aquellas tierras donde las llanuras se vuelven ríos de lava, y donde la muerte gobernaba con mano dura. Temeroso, pero confiado en sus capacidades, partió dejando sus miedos de lados en la búsqueda de aquella cruel y despiadada criatura. Para con ello crear su propia leyenda.

Mientras transcurría su viaje, pudo conocer varias ciudades y pueblos distintos, en las cuales pudo obtener más información sobre aquella bestia. Muchos de los pueblerinos hablaban de su fascinación por los bebes e infantes. Y como en los pueblos cercanos se perdían pequeños en circunstancias poco claras, “es culpa del monstruo” decían las personas.

Esta información era ciertamente perturbadora, aquel monstruo era un ser sin compasión ni corazón, capaz de alimentarse de aquellos pobres niños indefensos.

Los días pasaron al igual que las noches, y mientras más avanzaba más refrescante y hermoso se volvía el paisaje, aquellos ríos de lavas no se hicieron presente, en su lugar un rió cristalino de mediana profundidad y de tranquilas aguas dejaba ver su interior, un fondo decorado por piedras de diferentes formas, tamaños y colores, las verdes praderas dominaban el lugar sin limite aparente, los grandes y frondosos árboles frutales, eran adornados por pequeñas aves multicolor que cantaban y bailaban dichosos sin penas ni preocupaciones.

Encantado por lo que sus ojos eran capaces de contemplar, se fue adentrando poco a poco bajo el hechizo de aquel paisaje, llego hasta lo más profundo entre los árboles, una suerte de bosque multicolor en donde los rayos de luz parecían atravesar las hojas, como si estas no existiesen. Pero más allá de su felicidad, se encontraba en medio de un lugar desconocido, totalmente perdido y venerable.

Siguió caminado intentando hallar una salida, pero fue en vano, mientras mas caminaba más perdido se encontraba. Triste y resignado a su cruel destino, se sentó a esperar la noche y a dejar que el tiempo hiciera el resto. Auto-desahuciado, cayo la tarde, y los rojizos rayos cubrieron el lugar. Nuestro aventurero con el alma triste, vio a lo lejos, entre los árboles una silueta que se acercaba. Temeroso tomo sus cosas y se escondió tras un tronco esperando lo peor.

Apego su espalda fuertemente al tronco y cerro los ojos, su cuello se encontraba húmedo por la nerviosa transpiración fría, tenía los músculos contraídos, al igual que todo el resto de su cuerpo. Definitivamente había entrado al territorio de aquel monstruo. Aquel monstruo que había estado buscando por tanto tiempo, pero su corazón no estaba feliz por su hallazgo, al contrario se encontraba devastado.

Los pasos fueron acercándose más, más y más, e incluso era capaz de oler a la bestia, un olor dulce emanaba de ella. Fue entonces cuando su respiración se volvió violenta, y se tapo la boca y nariz con las manos dejando caer sus cosas.

Su rostro palideció, y su corazón dejo de latir por unos segundos. El viento dejo de soplar y el tiempo paró su tic-tac. Todo pareció detenerse, y vio como su vida arrancaba desesperadamente dejándolo a el ahí sólo y desamparado.

Tras el tronco lentamente se asomo aquella silueta tenebrosa que lánguidamente fue iluminada por los ya casi inexistentes rayos de sol. De aquella figura oscura broto un pequeño botón de flor que lentamente dejo ver su magnificentes pétalos. Y deslumbrado vio a una pequeña de ojos claros y dulces, con una sonrisa capaz de alegrar al corazón más triste, a veces burlesca y picara, que curiosa por su hallazgo estiro su mano hacia el joven aventurero, este tembloroso se la tomo, una mano pequeña y delicada como los pétalos de un clavel.

La joven lo miro con curiosidad mientras le ayudaba a levantarse.

“¿Por qué tembláis?”, le pregunto

“Tenía miedo”, respondió rojo como un tomate avergonzado de su insensatez.

“¿Miedo a qué?”, pregunto la joven aun mas curiosa.

El joven avergonzado agacho su rostro, y tartamudeando respondió, “mmmm.... miee… ddddo……. Jejeje … de … ti”

“De mi ¿?!”, sonrió. Tomo su mano y lo guió por el bosque hasta una pequeña cabaña.

Le invito a pasar.

“Debéis estar cansado…..por favor tomad asiento y poneos cómodo”, dijo mientras se dirigía a la cocina.

“ Tengo curiosidad, ¿por qué temíais de mi ? . Buen hombre”

“Bueno le contare, sucede que vengo de tierras lejanas, más allá de las montañas, intrigado por la historia de un monstruo salido del infierno, que come pequeños niños y que ha devastado cientos de ciudades y pueblos a su paso, un monstruo cuya fuerza es equivalente al ejercito de mi reino, pero en una sola persona, si es que podemos llamar a esa aberración persona, pues no posee corazón ni sentimientos…..en fin, en medio del bosque me encontraba perdido, desesperado y asustado, y cuando os vi a vos, o más bien a vuestra silueta, creí ver a aquel monstruo, mas me encontré avergonzado al verla a Uds., bella dama”.

“Hahahha, ya veo…. Y supongo que luego de aquella aventura deseara comer algo, que os puedo ofrecer?”

“Preparad lo que vos queráis comer mi gentil y dulce musuela, pues no es mi intención seos una molestia”, replico el joven agradecido.

La joven comenzó a cocinar un gran plato de carne y una vez terminado lo llevo a la mesa, tomo el cuchillo y pregunto: “Os he cocinado un poco de carne, por favor probadlo, no seáis tímido”, dijo la joven mientras cortaba lentamente un trozo de carne para su huésped, mientras nuestro hambriento aventurero miraba con ansias aquel trozo de carne, que una vez servido duro lo que un suspiro.

“Tenéis muy buena mano para la cocina bella dama, os ha quedado delicioso, un plato digno de un rey”, alabo. En tanto la luna se dejo ver desde la pequeña ventana de la casa, majestuosa, paresia sonreír al buen viajero.

“Ya es tarde, creo que deberéis iros a dormir. Esperadme un momento que os ordenare un lugar para que podáis descansar esta noche”, dijo la joven mientras desaparecía del comedor. Rato después volvía la joven y llevo al incauto aventurero a la habitación predispuesta para él. Ya en la habitación se sentó sobre la cama, y de inmediato el sueño pareció apoderarse de su persona y rápidamente fue envuelto entre los profundos brazos de Morfeo.

La tímida noche se escondió al sentir al sol asomarse, y así una nueva mañana dio comienzo. Lentamente nuestro aventurero comenzó a volver en si, era un despertar algo incomodo, sus dedos parecían dormidos aún, junto con sus piernas.

Intento tocar sus extremidades con sus manos, y fue en ese momento cuando el horror le deformo el rostro. Sus brazos ya no estaban, en su lugar dos muñones hechos de trapos sucios, mezcla de sangre y tierra, yacían en su lugar. Un grito escapo de su apretada y seca garganta, desesperado, con sus piernas intento destaparse, pero algo más era distinto, el horror aun seguía junto a él. Lentamente y mirando el techo, como si esperara lo peor, comenzó a destaparse con los muñones de sus malogrados brazos, cada segundo era una tortura, y su corazón parecía incapaz de seguir resistiéndola.

Estupefacto, vio su pierna derecha enrollada en género enrojecido por su propia sangre.

“esto no es mas que un mal sueño, una pesadilla”, se repetía constantemente cerrando los ojos esperando despertar de aquel cruel sueño.

En tanto en el fondo del pasillo que conectaba con su habitación, pequeños pasos parecían acercarse cada vez más y más, retumbando en sus oídos como el sonido de un tambor. Tocaron a la puerta, y un chillido agudo salió de esta al abrirse. La delicada figura de la joven estaba justo frente a él, con una mueca sombría que simulaba a una sonrisa.

"¿Dormisteis bien anoche?”, pregunto con voz dulce.

"¡¿Qué me habeis hecho mujer?!... ¡¿que me habéis hecho?!”, gritó mientras sus lagrimas le lavaban el rostro.

Sus grandes ojos verdes brillaban llenos de excitación, y lentamente acercándose al rostro le susurro al oído.

"¿Que desea desayunar?, brazo, pierna o corazón”.

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